viernes, 27 de julio de 2018

UNIVERSAL MOUNTS TOUR. LA LAPONIA ESPAÑOLA

INTRODUCCIÓN

Sea por nuestras raíces, sea por la gastronomía, sea porque la logística siempre es la más sencilla, o sea por lo que sea, la zona de la Serranía de Cuenca siempre ejerce su atracción a la hora de elaborar una travesía ciclista del tipo de las que nos gustan: con dureza, bosques, montañas y algo (o mucho) de BTT. Hace un par de años ya realicé en solitario la denominada "Donde nacen los ríos" (ojalá, en breve, ahora que parece que me vuelve a venir la inspiración, os la pueda relatar pronto por aquí). La que en esta ocasión os voy a describir, sin embargo, es la penúltima aventurilla que Javi -el último gran fichaje para estas gestas- y servidor nos marcamos esta pasada Semana Santa, y que bautizamos como el "Universal Mounts Tour", en homenaje a estas majestuosas montañas.

Es conocido -y creo que lo hemos comentado alguna vez por aquí también- que esta zona, que forma parte de lo que se denomina popularmente la "Serranía Celtibérica" (es decir, las zonas montañosas que es Sistema Ibérico dibuja en Teruel, Cuenca, Guadalajara, Zaragoza, Soria y Burgos, principalmente) se asocia con Laponia porque, como en la región finesa, la densidad de población es bajísima. Quién sabe si la belleza de sus parajes no esté acaso relacionada precisamente con ese dato: con la baja densidad. Sea como fuere, esta asociación de los Montes Universales (y alrededores) con Laponia fue reiterativa en nuestra travesía, pero por razones que desvelaremos más abajo.

En el diseño del recorrido, tratamos de tocar no sólo la Serranía de Cuenca, sino también su hermana ibérica de Albarracín y la zona del Alto Tajo. En concreto, había varios atractivos naturales que no queríamos perdernos: los Pinares de Rodeno situados al sur de Albarracín, la Cascada del Molino de San Pedro, los Ojos del Cabriel, el Nacimiento del Río Tajo, el Puerto del Cubillo, los Callejones de las Majadas, el Río Escabas, el Nacimiento del Río Cuervo y la Vega del Guadalaviar en su tramo entre Villar del Cobo y Tramacastilla. Con todos estos parajes claros, prácticamente sólo hubo que unir los puntos, tratar de no enganchar demasiada carreterota y decidir los sitios para la pernocta.

Así pues, la cosa quedó de la siguiente manera:

RECORRIDO

ETAPA 1: ALBARRACÍN - JABALOYAS

Análisis wikiloc

Análisis ibp

Etapa corta, preciosa y con muchísima más tela que cortar de lo que parecía al diseñarla. Ese error, el de subestimar su dureza, nos conduciría a la primera liadita de la travesía, como os detallaré a continuación. 

Lo cierto es que comenzamos tarde la etapa. El desplazamiento en coche desde nuestros lugares de residencia hasta Teruel, junto con -admitámoslo- alguna demora y un puntito de pachorra, hizo que empezáramos a rodar casi a las 16 horas. Veréis que el track comienza con un garbeo por el casco urbano de Albarracín. Y es que, por si no fuera poco con este abúlico inicio, decidimos buscar en el pueblo una fuente para cargar nuestras mochilas de hidratación. 

Finalmente, una vez en marcha, tomamos la carreterita en dirección a las pinturas rupestres. Nada más abandonar el pueblo, la carretera pica hacia arriba, con un desnivel medio del 5%, hasta coronar en uno de los abrigos que contiene arte rupestre. Visita, foto de rigor y, al reemprender la marcha, transitamos por unos parajes bellísimos, con mucha piedra de rodeno que hacía las delicias de los escaladores que allí estaban, en una tarde templada. La carretera -merece la pena subrayarlo- es de las que nos encandilan (estrecha, con buen firme y poco tráfico) y, poco a poco, se va adentrando en un bosque de pinares espectacular sobre un terreno ondulado. 




En el kilómetro 18,1 de nuestra ruta, y tras un breve descenso, desembocamos en la A-1513, cogiéndola a nuestra derecha. Sin embargo, inmediatamente después, la abandonamos para tomar una pista de buen firme a la izquierda, siguiendo las indicaciones de "vestigios de la Guerra Civil". Desde aquí hay algo más de tres kilómetros con un desnivel medio del 5%. Esta segunda dificultad montañosa ya se nos atragantó un pelín y nos puso sobre la sospecha de que el margen entre el ocaso y la finalización de la etapa iba a ser escaso.

Tras merendar y finalizar el ascenso en en km. 24,4 de nuestra etapa, iniciamos un descenso divertido aunque con alguna regata peligrosa en el camino, producto de las copiosas lluvias durante el invierno. A mitad de descenso, por cierto, existe una encrucijada de caminos que, no obstante, está muy bien indicada. Nosotros tomamos el camino de la izquierda hasta finalizar el descenso en el Barranco de Ligros, una bucólica vega jalonada, de nuevo, de piedras de rodeno con formas imponentes.

Al abandonar el Barranco de Ligros, dejando el camino TE-67 para tomar una pista a nuestra derecha, comenzaron las dificultades. La nueva pista, aun siendo ciclable, tenía ya un firme baste irregular y el primer repechón resultó bastante exigente. Javi, probablemente, pagó la novatada de haber rodado toda la etapa con mucho desarrollo, de manera que estas renovadas rampas por terreno roto le pusieron la musculatura al borde de la contractura. Se hizo imprescindible, por lo tanto, parar varias veces y estirar, por más que las sombras se alargaban, la luz se iba extinguiendo y la temperatura caía en picado. Finalmente, acabaríamos llegando a Jabaloyas en torno a las 20 horas, en medio de una oscuridad total y de unos ladridos de procedencia incierta y, por tanto, algo inquietantes. Una vez más, nos acordamos de los viejos adagios: "¡qué fáciles salen las etapas al diseñarlas en el ordenador!" y "¡qué duro es este deporte, Pedro!"

**************

Como contraste a esta lóbrega entrada a Jabaloyas, el alojamiento, "Las Leyendas del Jabal", resultó ser un sitio más que agradable. Javier, el señor que lo regenta, nos preparó una cena "a base de picoteo" (lit.) de unos 15 deliciosos platos que, a buen seguro, hubieran cubierto el gasto energético de la travesía completa y que, naturalmente, no nos pudimos acabar. Al día siguiente, para desayunar, nos volvimos a dar otro atracón legendario. Se desarrollara como se desarrollara la etapa, la pájara quedaba descartada.


Desayuno pantagruélico. A ver quien es el guapo que se pone a dar pedales después de eso


ETAPA 2: JABALOYAS - TRAGACETE



Después de tamaño desayuno, partimos con renovadas energías (llamadlo así, llamadlo empacho) en dirección sur por una carreterita que circundaba el Cerro Jabalón, en constante subida. Tras una pequeña equivocación en el km 2,8 de nuestra ruta, donde cogimos por error una pista a nuestra derecha, enganchamos de nuevo la carretera para abandonarla en el km. 8,8 en una curva casi de herradura. Esa pista nos elevaría por encima de los 1600 msnm por primera vez, lo que suponía empezar a rodar, a ratos, por nieve.  En mi caso, era la primera vez que pisaba nieve con la burra: la sensación me pareció muy divertida. (No tenía ni p*** idea de lo que me esperaba, jajaja).

En el km 14,2, no obstante, abandonamos la pista para coger la A-2703 a nuestra derecha, llaneando. Esta carretera, bastante amplia, resultaba un poco insípida pero, afortunadamente, justo antes de Toril, cogeríamos a mano izquierda la TE-V-9122 que, desde Masegoso, nos condujo en suave descenso y progresivo estrechamiento hasta las inmediaciones de la Cascada del Molino de San Pedro. Momento para hacer un alto en el camino, y comer, tirando de embutido y conservas, junto al salto de agua. La cascada, bien; aunque el sitio es más inaccesible de lo que pensábamos.


Cascada del Molino de San Pedro


Tras la comida, reemprendimos la ruta rumbo al segundo "hito de la naturaleza" del día: Los Ojos del Cabriel (lo encontraréis también en singular, "El Ojo del Cabriel"). Por lo que pude bichear en internet, existe una cierta controversia en si ése puede considerarse el verdadero nacimiento de nuestro querido río. Nuestra humilde conclusión es que en tiempo de lluvias o, como era el caso, de recientes nieves, es obvio que el arroyo nace mucho más arriba, a apenas unos centenares de metros del Nacimiento del Tajo; pero, probablemente, en el periodo seco el río nazca realmente aquí. El paraje en sí, para ser honestos, nos dejó un poco fríos: se trata de una veguilla salpicada aquí y allá de chopos, en la que el terreno arcilloso de la zona hace brotar el agua de la tierra. Curioso; sin más. Para el que no se sienta vinculado a este río, probablemente decepcionante.


Panorámica desde el mirado de Los Ojos del Cabriel


Después de visitar Los Ojos del Cabriel, no queda otra que pegar media vuelta para volver a la carreterita que nos presenta en el pueblo de El Vallecillo. Hay que salvar, por cierto, un repechón exigente por un camino a ratos medio roto. El premio, eso sí, será unas bonitas vistas desde "el mirador del Ojo del Cabriel".

De vuelta a la carretera, casi inmediatamente, como digo, llega el pueblo de El Vallecillo, que nosotros obviamos para continuar siempre en dirección NO por lo que en principio es una carreterita estrecha y, un poco más allá, un camino de tierra compactada. El camino discurre por el lecho de un valle precioso que se encontraba cubierto parcialmente de nieve en las zonas umbrías. En algún momento, por cierto, se atraviesa alguna propiedad privada y toca bajar de la burra y abrir y cerrar puertas para que el ganado no se escape. A esas alturas, Javi iba, lamentablemente, pagando de nuevo los esfuerzos del día anterior. Y es que hay que decir que, aunque con buen firme, el camino, al remontar el valle, va siempre picando hacia arriba. Ese factor, unido al viento de cara, le añadió una dureza a la etapa inesperada. "¿Cuánto queda para el Nacimiento del Tajo?"; "No sé, no puede quedar mucho", y así en bucle durante unos 13 kms. No obstante, este segmento desde El Vallecillo hasta el Nacimiento del Tajo me pareció, personalmente, de los mejores momentos de la travesía. Acompañados por el rumor del Cabriel, que recogía el agua del deshielo, pudimos avistar un montón de fauna (cérvidos, zorros, águilas) que se movía libremente en este territorio fronterizo entre Cuenca y Teruel. Este tipo de regalos es el que hace que la afición a la Mountain Bike se te meta en el tuétano.


Magic valley


Y al fin, tras coronorar un collado en el km 48,5, nuevo valle y, ¡tachán!, El Nacimiento del Tajo. Fue una bendición que la fuente que da origen al mayor río de la península estuviera orientada hacia el sur y en un calvero, puesto que, en caso contrario, no hubiéramos podido acceder por la nieve. Aún así, todavía había muchos restos de la misma y el terrero alrededor estaba completamente inundado. Momento para la merienda y unos fotos obligadas.


Algunos estábamos para más coñas que otros, jeje

Así estaba el terreno


Los últimos 20 kms serían todos de carretera. Los primeros 5 kms, por un terreno ondulado, con el río a nuestra derecha y una masa forestal impresionante a la izquierda. Después, en una curva pronunciada a izquierdas, un breve ascenso para coronar el Puerto del Cubillo. Una vez coronado el puerto no se desciende inmediatamente, sino que existen un par de kilómetros de falso llano en los que se rueda siempre por encima de los 1600 msnm. Las máquinas quitanieve habían hecho su trabajo y el asfalto estaba en perfectas condiciones, pero pudimos comprobar que en esa franja de bosque cerrado la nieve tenía un grosor de más de medio metro. Y, sin embargo, nada de ello nos llevaría a reflexión (y hasta aquí, de momento, puedo leer, jajaj). Después, entonces ya sí, emprendimos un rápido descenso hasta enlazar con la CM-2106 a la derecha. 5 kms después, llaneando, llegamos, apurando de nuevo los últimos rayos de luz, a Tragacete.


Fresquito a los 1617 msnm



ETAPA 3. TRAGACETE - VEGA DEL CODORNO

Análisis Wikiloc

Análisis IBP

Etapa corta que, de no haber sido por la visita al Nacimiento del Río Cuervo, hubiera resultado completamente insustancial. La cosa tiene su explicación: tras finalizar, otra vez sobre el umbral del crepúsculo, la segunda etapa, decidimos tener una asamblea de urgencia. El recorrido diseñado, en el que no hubo participación democrática (jajja), quedaba claro ya que resultaba demasiado exigente para la poca preparación que había realizado Javi. Este tipo de actividad no deja de ser un deporte de resistencia y, por tanto, las cosas no iban a ir a mejor con el paso de los días. Por otro lado, días antes, yo ya le había comentado a Javi que el tercer día constituiría "nuestra etapa reina", con un diseño en forma de "C", a priori espectacular, que nos metería en el cogollo de la Serranía de Cuenca, visitando los maravillosos Callejones de las Majadas y rodando junto al límpido Río Escabas. Pintada en Wikiloc, la etapa tenía casi 1400 metros de desnivel acumulado y 74 km; ya sabemos que siempre son más. En definitiva, Javi presentaba su dimisión para esta etapa: necesitaba un día de medio-descanso para poder afrontar con garantías la cuarta y última etapa que, aunque algo menos exigente, también iba a resultar muy cañera. Y, sin embargo, yo diría que hasta había soñado con esa jornada desde que en "Donde nacen los ríos" descrubí, casi por casualidad, la preciosa carreterita de Las Majadas. Aquí podéis ver el diseño de la etapa pintada en Wikiloc.

Así pues, empezamos a barajar posibilidades, aunque pronto nos dimos cuenta de que lo más razonable era continuar juntos, recortando kilómetros y dureza. Habíamos empezado juntos la aventurilla y juntos la terminaríamos. De esta forma, ese día finalizaríamos en Vega del Codorno, el mismo destino que habíamos programado, pero desistiendo de esa gran "C" que nos metía en Las Majadas, sino que continuaríamos recto por la CM-2106. Para completar la mañana: visita al Nacimiento del Río Cuervo. Luego, comida de picnic y bajar a Vega del Codorno a descansar. 


Nacimiento del Río Cuervo

Los accesos estaban casi impracticables debido al deshielo


En ocasiones, hay que saber renunciar a lo que uno había programado. Y las montañas y los valles no se van, siguen estando ahí; esperando la siguiente oportunidad. Además, tal y como se desarrollaron los acontecimientos el siguiente día, estoy convencido de que fue la mejor de las decisiones.


Bajada a Vega del Codorno
ETAPA 4. VEGA DEL CODORNO - ALBARRACÍN


Análisis IBP

Lo escueto de la etapa 3 nos permitió descansar durante toda la tarde del día anterior, algo que no había ocurrido en las anteriores jornadas. Así que, además de patear un poco la zona, visitar La Cueva del Nacimiento y tomarnos algunas cervezas, pudimos analizar un poco la cuarta etapa. Sobre el papel: 75 km y unos 1200 metros. No estaba mal, teniendo en cuenta que era la última etapa y que luego tocaban dos horas más de coche hasta casa. Hubo varias especulaciones sobre qué sería lo más complicado ¿El Puerto del Portillo? ¿La propia longitud de la misma?. El tramo de camino, convinimos finalmente. Creo recordar que en algún momento pronuncié las fatales palabras: "Me conformo con que sea ciclable, que no haya que empujar la bici". El maleficio se había desatado, jajaj.

Fruto de este análisis pormenorizado de la etapa -realmente el primero que hacíamos en toda la travesía- empezamos temprano a picar biela. Remontamos el valle (la vega) en la que está el pueblo, enganchamos con la CM-2106 en dirección N y, en el km 6,9 de nuestra ruta, tomamos un carril a la derecha. Las primeras sensaciones fueron alentadoras: el carril, aunque  húmedo, con serias regatas y algún repechón muy duro, se dejaba ciclar. "No hace falta avanzar rápido en este tramo. Basta con hacerlo sobre la burra", nos repetíamos como un mantra. Recuerdo tener una sensación muy especial: la aventurilla nos estaba embriagando en aquel bosque con un silencio sepulcral donde se nos apareció un ciervo -o acaso fue un gamo- en un cruce de caminos, como una epifanía. Un par de kilómetros más allá, sin embargo, otra vez por encima de los 1600 msnm, ora la nieve, ora los charcos de barro, iban apareciendo a nuestro paso. En ese punto, todo se podía sortear sin demasiados contratiempos y nuestra expectativa era que el terreno mejorara cuando engancháramos el "Carril del Rilaga", que llegaría en el km 13,1 de nuestra ruta. "El carril del Rilaga" es una extraña carreterita en medio de estos montes. Tiene señalización pero no guardarraíles; en algún momento estuvo asfaltada pero, en apariencia, no se ha vuelto a alquitranar en, al menos, 50 años; enlaza con la CM-2106 y se pierde en medio de la nada. Como digo, un misterio que le daba un halo todavía más inquietante a nuestro avance.



Todavía resultaba divertido


Nuestras expectativas se vieron frustradas. No, en el "Carril del Rilaga" el camino no estaba mejor; de hecho, estaba todavía peor. Obviamente, sabíamos que la máquina quitanieves no habría pasado ni se la esperaba por allí, pero el hecho de descender unas decenas de metros y volver a movernos en la franja de los 1500-1600 msns, nos había dado esperanzas. Nada de eso: el carril se encuentra en la parte norte del monte y, por tanto, umbría. El tomo de nieve era ya tal que, aunque todavía se podía apoyar la cubierta aprovechando la rodada de un todo-terreno, las alforjas y los pedales rozaban con la nieve virgen y era imposible mantener la vertical sentados en la burra. Unos centenares de metros más allá, ni tan siquiera eso: la rodada del cuatro por cuatro había desaparecido. Tocaba continuar empujando la bici por nieve virgen quién sabe cuantos kilómetros o dar la vuelta. Y, claro, nos asaltaron las dudas. Porque, además, no teníamos una noción clara de cuánto tramo tendríamos que afrontar en esas circunstancias. Sea como fuere, decidimos continuar. Unos centenares de metros más allá, creímos estar empezando a alucinar "¿Son eso ciclistas? ¿En pantalones cortos?" Efectivamente, el señor Cañas, colaborador de este blog, se encontraba con un amigo, luciendo piernas en medio de la nieve, tratando de realizar, sin éxito, "enduro". Ya es casualidad. Total, que, después de ponernos un poco al día, le pedimos consejo. Y Cañas nos desaconsejaba seguir avanzando. Lo mejor era volver por nuestros pasos. Eso, o buscar el Nacimiento del Júcar, desde allí al Albergue de San Juan para volver a Tragacete. Pero ¿volver a Tragacete? ¿por monte a través? No nos seducía nada esa idea. También, como decimos, estaba la opción de volver. Desandar lo andado, tomar la CM-2106, pasar el Puerto de Belvalle y alcanzar Peralejos de las Truchas para, desde allí, por carretera, llegar a Albarracín. En otras palabras, marcarnos una etapa de 100 kms, más el tute que ya llevábamos en ese momento. Menuda encrucijada! (llamadlo encrucijada, llamadlo liadita de pelotas). Después de mucho cavilar, decidimos, finalmente, continuar nuestra ruta; continuar al modo en que los guías tuaregs continúan sus travesías en el desierto; continuar obviando cualquier otra consideración. Unas apelaciones mutuas al valor y los genitales -¿qué tendrán que ver en todo esto?- y, sobre todo, el hecho de volver a tomar el valle con orientación S -encontrando así tramos con la nieve derretida- nos infundó valor y nuevas energías, pero éstas se esfumaron tan pronto como nos adentramos en otra zona umbría.


Así se ponían las ruedas en el tramo en el que se alternaba la nieve y el barro

De lleno ya en todo el jaleo. Esto no tenía nada de divertido

Empujar una bici con alforjas sobre un manto de nieve virgen que en ocasiones superaba los 70 cm me pareció una cosa bastante bruta. Hacerlo durante -calculamos- un total de 14 kilómetros con sólo alguna breve tregua, una barbaridad sin parangón. En los tramos más complicados, era imposible recorrer más de 100 metros sin tener que hacer una parada para oxigenarse y relajar el ritmo cardíaco. Como podréis imaginar, allí cayeron todos los geles y gorrinadas de alto valor energético de las que disponíamos. La nieve, por supuesto, caló en nuestros culottes y zapatillas de BTT, entumeciendo los dedos de los pies y dejándonos el cuerpo hecho unos zorros. En mi caso, sabía que algo empezaba a funcionar mal en mi cabeza, pues aunque tenía claro que no era comparable, no dejaba de pensar en una lectura reciente sobre la tragedia del K2 en 2008. Me río mientras escribo estas líneas, pero juro que no me hacía ninguna gracia todo aquello allí, varado en la nieve.

Pero, al fin, en el km. 25 de nuestra ruta, con las lumbares y los gemelos hechos trizas de empujar, la nieve desapareció y descendimos, montados ya sobre las bicicletas, hasta un puentecito sobre el Río Tajo. Allí mismo empezaba o terminaba lo que en el mapa era la TE-V-9113, así que nuestras penurias debían desaparecer. Aún hubo, empero, todavía unos momentos de zozobra, puesto que pronto entendimos esa carretera tampoco tenía ningún tipo de mantenimiento ni era merecedora de quitanieves. Aunque rodábamos ya por un buen asfalto, había todavía algunas montoneras de nieve que obligaban a bajar de la burra y eso, ciertamente, nos desmoralizó. Apenas un par de kms más allá, felizmente, recibimos la insuflación de ánimo que necesitábamos: un coche venía de cara. Los ocupantes, muy majetes, debieron de vernos realmente jodidos, puesto que nos ofrecieron galletas y agua: lo que llevaban en el coche. Pero lo importante era que el camino mejoraba; desaparecía la nieve o, si acaso, la poca que quedaba estaba bien pisada por el mono-volumen. 


Dejando, al fin, atrás, la "Laponia española"

El Tajo: fin de nuestras penurias

Por fin optimistas, aunque un poco apajarados, continuamos a TE-V-9113 para enganchar con la TE-V-9032 y encarar el Puerto del Portillo, aunque las primeras rampas nos confirmaron que debíamos parar. Momento para alimentarse, secar nuestras prendas y desentumecer nuestros pies. Es increíble lo rico que sabe en esos momentos un fuet común, una lata de paté o unas sardinillas en escabeche.

El Puerto del Portillo, por el sitio donde lo atacamos nosotros, son sólo 2,7 kms al 8%. Nada, después de haber comido y venir con el subidón de haber burlado a la Parca (jajajj). Desde allí, rápido descenso a Guadalaviar, paradita para rellenar las mochilas de hidratación y, sin demasiada demora, poner rumbo a Albarracín. Y es que, a pesar del medio madrugón que nos habíamos pegado, volvíamos a andar mal de tiempo. El tramo de empujing en la Laponia Española había destrozado todas nuestras previsiones horarias.


Panorámica desde el Puerto del Portillo

En el km. 45,2 de nuestra ruta, abandonamos la TE-V-9032 para coger la carretera en dirección Villar del Cobo. Esta carretera, de buen asfalto, aprovecha el, digamos, cañoncete que el Río Griegos ha labrado en la piedra caliza, y nos condujo, en cómodo descenso, al pueblo. Una vez superado éste, cambiamos de valle y río, rodando paralelos al Guadalaviar, y afrontamos la última dificultad montañosa de la travesía: el Puerto de Calamocha (unos 4 km al 4%). A continuación, otro rápido descenso, con algo de gravilla esta vez, hasta Tramacastilla para, desde allí, enlazar con la A-1512 -una carretera ya bastante ancha y con cierta tendencia descendente- que nos conduciría, de nuevo en el ocaso, a Albarracín. 

En total, 10h40' con la burra en movimiento; a ratos sobre ella, a ratos empujando. Una jornada de sol a sol, si le sumamos las paradas obligatorias. Una etapa que hubiera sido una delicia y que la nieve convirtió en uno de los mayores tormentos que, personalmente, he experimentado. Como ya nos habréis leído otras veces, si contamos estas cosas es para que no repitáis los errores que hemos cometido nosotros. Por nuestra parte, ya nunca olvidaremos que los montes nevados pueden ser tan hermosos como peligrosos, y que es imprescindible informarse del estado de los caminos y las carreteras secundarias. Este es un deporte/hobby maravilloso que se tiene que tratar de practicar con las mayores garantías de seguridad. Esta es, al menos, nuestra filosofía,... aunque a veces las cosas se tuerzan un poquete (jajaj)




miércoles, 19 de julio de 2017

CUARTA PARTE: "BLOWER" HEBRIDES

CUARTA PARTE: "BLOWER" HEBRIDES
ETAPA 9: STORNOWAY - INMEDIACIONES DE NORTHTON

http://www.ibpindex.com/ibpindex/ibp_analisis_completo.php?REF=36507864667709&LAN=es
http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10958844

El día de descanso en Ullapool se nos pasó en un periquete, la verdad. Aprovechar para dormir todo lo que te dejan en un hostel, comprar las últimas provisiones en el 'Tesco' del pueblo y cervecear un poco, se llavaron la mañana y el mediodía. Luego, a mitad de tarde, tuvimos que embarcar para Stornoway. Ullapool, la urbe más importante desde Torridon, tampoco es para volverse loco. Con sus 1500 habitantes, ofrece un puerto majo, ambiente marinero, fish and chips y poco más.

Stornoway, ya en la isla de Harris, es ya otra cosa. Con sus 9000 habitantes, me pareció la localidad de más entidad desde Fort William. Ciertamente, fue un alivio que el minúsculo hostel donde nos alojamos estuviera cerquita del puerto donde desembarcamos ya al anochecer.

Pero vayamos a la etapa: gracias a las indicaciones de un solitario cicloturista compañero del hostel, conseguimos encontrar la ruta de manera sorprendentemente fácil. Tanto fue así, que cuando quise enchufar el GPS, nos encontrábamos ya en la A858 dirección Achmore. En el km. 17,5 de nuestra ruta, dejamos dicha carretera para coger un carril a nuestra derecha, un auténtico single track, como dicen por allí, de apenas dos metros de ancho, pero con un asfalto impecable. Por en medio de la turba -y nada más- llegamos hasta Breasclete. Y, desde allí, en un par de kilómetros más, alcanzamos ya el conjunto megalítico de Callanish. Al parecer, el debate sobre si este conjunto de menhires era utilizado en tiempos prehistóricos como observatorio astronómico -al estilo de Stonehenge-, está todavía abierto. Sin embargo, en lo que no hay duda, es que eligieron el sitio con más -y más feroces- midges, jajaj.


Callanish haciendo en gili


Callanish haciéndome el interesante


De vuelta a las bicis, el tramo hasta Achmore nos pareció con algo menos de viento, aunque seguía siendo siempre desfavorable. Lo cierto es que, aunque la teoría decía que el viento vendría de componente S, nosotros llevábamos toda la jornada teniendo la impresión de que, en mayor o menor medida, siempre nos soplabla en contra. En Achmore dejamos la A858 para coger un carril dirección Leurbost. Un poco antes de llegar a esta localidad, tomamos la A859 en dirección S con, de nuevo, un viento intensísimo. Al viento en contra y nuestras ya escasas fuerzas, se sumaba en estas islas la imposibilidad de rodar cómodamente a relevos y repartir así los esfuerzos. Esto es debido a que las carreteras apenas tienen el ancho para un coche. Para que sean mínimamente transitables, cada doscientos, trescientos o cuatrocientos metros, habilitan un apartadero ("passing place"). Pero, como ya comentamos en otra ocasión, quitaos de la cabeza la idea de que encontraréis a gentlemen británicos al volante, esperando pacientemente a que lleguéis a la altura del apartadero para sobrepasaros. Los hay, sin duda. Pero también son muchos los que, sin esperarse, pasan a dos palmos, pitan, o acercan tanto el vehículo que puedes notar el calor del radiador en el culote. Al final, en las zonas de más tránsito, uno acaba rodando de manera un tanto estrafalaria: esprintando entre passing place y passing place y dejándose llevar o frenando en ellos.

Por todo lo que comento, los kilómetros caían mucho más lentamente que en otras jornadas. En el kilómetro 48,8 tuvimos que hacer una parada para un almuerzo, puesto que, a pesar de que habíamos desayunado a conciencia, teníamos la impresión de estar vacíos. Apenas 18 km. más adelante, procedíamos con la comida. Las provisiones empezaban a escasear, pero lo cierto es que acertamos de pleno, porque, sólo 3 kilómetros más allá, en Aird a'Mhulaidh, la Isla de North Harris nos tenía preparada una última sorpresa: un puerto de apenas 2,6 km. pero con un desnivel rozando el 7 %. Posteriormente, un mínimo descenso para, a continuación, superar otros 4 kilómetros de falso llano ascendente hasta superar un collado donde el viento era ya huracán. Descenso rapidísimo hasta la gasolinera de Ardhasaig, donde también cayeron sendos cafés y alguna bolsa de frutos secos. La señora que atendía el negocio tuvo que vernos bastante jodidos, porque, sin decirle nosotros nada, nos indicó que si queríamos comer en serio, teníamos un pub a 4 km, en Tarbet.


Banquito con vistas espectaculares, junto a la gasolinera donde paramos a avituallarnos


Lo del pub de Tarbet fue una suerte, porque, debo indicaros, que lo de Stornoway fue un espejismo. Con una densidad media de 12,7 hab/km2 (para que os hagáis una idea, Castilla la Mancha tiene una densidad del 25,9), las Islas Hébridas Exteriores son incluso más vírgenes que la costa oeste pero, consecuentemente, tienen menos servicios. Desde que, todavía temprano en la mañana, hubiéramos visitado Callanish, teníamos la sensación de no haber divisado un bar/pub.

Tarbet -si alejáis el google maps lo suficente, lo podréis comprobar- es exactamente el istmo que une South Harris con North Harris (no me preguntéis qué es North Harris y qué es Lewis, porque no fuimos capaz de saberlo). Tras Tarbet, la carretera vuelve a empinarse para, entre los kilómetros 91 y 95 de nuestra ruta, "crestear" y ofrecernos así estampas increíbles: al oeste, playas hermosísimas; al este, acantilados acojonantes. Posteriormente, la carretera elige, finalmente, la vertiente oeste de la isla para transitar por dichas playas de arena blanquísima. En una de ellas, en las inmediaciones de Northton, y tras 112 km. en las piernas, decidimos plantar la tienda en el lugar más hermoso donde dormidos en toda la ruta.


Si las playas de la costa oeste eran bonitas, las de South Harris son, sencillamente, una locura

Panorámica

-Oye, pues aquí mismo plantamos la tienda, ¿no?

Apurando las últimas provisiones (sándwich de atún). ("Voy a volver con un tipín...")




ETAPA 10. INMEDIACIONES DE NORTHTON - LOCHBOISDALE

http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10958849
http://www.ibpindex.com/ibpindex/ibp_analisis_completo.php?REF=36507865946682&LAN=es

En nuestra última etapa -otra por encima de los 100 km.- transitamos las islas de North Uist, Benbecula y South Uist. Tampoco se nos olvidarán, jajaj. Una de las cosas que me encantan de la bici es lo que uno aprende de geografía. A diferencia de los viajes en vehículos a motor, en los viajes en bicicleta, la geografía queda grabada a fuego en el cerebro. Los valles, los cerros, los montes o, como es el caso, las islas ventosas, nos ponen en la disposición de a agarrar con más fuerza el manillar, subir otra corona, apretar los dientes un poco más, meter riñones o ponernos en pie sobre la burra,... Es entonces, en ese momento, ese accidente geográfico ya no lo recibes -como cuando vas con el coche- a modo de inventario, sino que forma parte tu experiencia de viaje; algo que difícilmente olvidarás.

Y después de este "momento Carlos Arribas" (jajaj), vayamos a la etapa. Lo primero, indicaros que a los casi 123 km. que indica el GPS debéis quitarle 13. Esto es debido a que el GPS no sabe discriminar el tramo neutralizado que hicimos en ferry desde Leverburgh al islote de Berneray.

Como os contaba un poco más arriba, el día anterior decidimos plantar nuestras tiendas en un paraje bellísimo, en una playa en las inmediaciones de Northton. El sitio era demasiado bonito como para dejarlo pasar sólo por estar más cerca del ferry que nos trasladaría al otro bloque de islas. La decisión, que fue todo un acierto, nos obligó, sin embargo, a levantarnos a las 7 de la mañana, desayunar algo ligero y recoger rápido las pertenencias para cubrir los 7,5 km. que nos separaban hasta el ferry de Leverburgh. Con los víveres ya escaseando, la cena tampoco había sido ningún banquete; de modo que comenzamos la etapa con sensación de tener poca gasolina, en un día frío y con el cielo encapotado.

Leverburgh, como no podía ser de otra manera, eran cuatro casas junto al puerto, así que nuestra ilusión de completar el desayuno de manera decente mientras esperábamos el ferry, se vio un poco diluída, como el café que nos tomamos en un food track, acompañando a un bocatín guarrote de salchichas.

La llegada a North Uist (aunque, técnicamente, el ferry llega hasta el islote de Berneray, que está unida a North Uist por un puente de unos 400 metros muy cercano al puerto) fue premonitoria de la etapa que nos esperaba y que no tuvo nada de paseo: en cuanto cruzamos el puente entre Berneray y North Uist, una ráfaga de viento en contra, cargada de agua, nos duchó por completo en apenas tres minutos. Esa fue la bienvenida. Poco después, en el km. 28,9 de nuestra ruta del GPS (en el 15,9 real [en adelante, haré siempre referencia al kilométraje del GPS, porque así lo encontraréis en los mapas de Wikiloc e IBPindex]) decidimos coger la A865 a la izquierda, para rodar así por la parte noroeste de la isla, donde, en teoría, se puede ver fauna salvaje. Nosotros, sin embargo, no vimos nada reseñable, a excepción de unas cabras. Bien al contrario, la sensación de soledad era ya abrumadora, una vez hubimos dado cuenta de nuestras últimas barritas energéticas a la altura de un páramo denominado -con buen criterio- Sollas.


En algún lugar entre Malacleit y Sollas, pero, vamos, que "Sollos" nos sentíamos nosotros


La isla de North Uist nos pareció que tenía muchas similitudes con Lewis: muy plana, ventosa; compuesta de turba y poco más. Perfectas para haber rodado en cualquiera de ellas aquella legendaria escena de Trainspotting sobre el orgullo de ser escocés. O quizás, simplemente, era que empezábamos a estar un poco hasta los coj... de todo aquello, jajaj.

Finalmente, en medio de la carretera y rodeado sólo de turba, en el km. 50 de nuestra ruta, apareció nuestro particular oasis en forma de economato/ultramarinos, donde al fin pudimos comer algo en condiciones. En esos momentos rodábamos ya en clara dirección S, pero, del mismo modo que nos había ocurrido en la jornada anterior, la sensación de viento en contra nos llevaba acompañando todo el día, independientemente del sentido de nuestra marcha.

Con algo más de gasolina y ánimo, aunque también con los mismos lastres (viento en contra y single track con passing places) continuamos hacia la siguiente isla, Benbecula. Por suerte, Benbecula cuenta con un aeropuerto que la conecta con otras islas (así como con Glasgow e Inverness), y esto la dota de cierta oferta de restauración: dos café/bares, para ser exactos, jajaj. A sólo dos millas del café, otra tormenta, mucho más intensa que la de la mañana, nos caló hasta los huesos.

Por todo lo expuesto, la estancia en el café fue prolongada. La verdad es que el sitio era muy agradable (sobre todo si llegas empapado y hambriento), servían comida rica a buen precio y nos dejaron cargar nuestros casi agotados móviles. Esperamos, pues, con tranquilidad a que escampara y se secaran un poco nuestras prendas.


Loch Druidibeag, muy cerquita ya de Lochboisdale


Para cuando salimos del café, et voilá: el cielo volvía a ser azul y el viento había amainado de manera notable. Por fin, las "blower" Hebrides parecían dejar de torturarnos en nuestros últimos kilómetros. Elegimos desandar el camino hasta el desvío al aeropuerto, en el km. 86,6, donde volvimos a tomar la A865 en dirección S. Unos pocos kilómetros más allá, en el 94, y coincidiendo con la llegada a South Uist, la carretera se ensanchó y se hizo de doble dirección, permitiéndonos rodar ya muy tranquilos y deleitarnos en los últimos kilómetros hasta Lochboisdale. Si decidís pernoctar en Lochboisdale, tenéis la opción de un hotelito junto a la terminal de ferrys, o la opción low cost: una plazoleta con césped situada detrás de unos aseos públicos bastante cuidados. Nosotros plantamos ahí nuestras tiendas después de un merecido homenaje a base de fish and chips, pintas de cerveza y compadreo con los lugareños en el bar del hotel, poniendo así el broche final a nuestra aventura.


Loichboisdale. Fin de ruta


***************

Nuestro regreso a Edimburgo nos llevó prácticamente un día más. Tened en cuenta que el ferry a Oban tarda unas tres horas y pico, y el tren de Oban a Edimburgo, cuatro horas. Es un viaje chulo, sobre todo cuando el ferry se adentra en el estrecho de Mull (el brazo de mar que separa la Isla de Mull del resto de Escocia) hasta Oban, en el caso del ferry; y también cuando el tren se adentra en el Parque Nacional de Loch Lomond and The Trossachs.

***************

Bueno, como decía al inicio, espero que hayáis disfrutado de las batallitas de abuelo cebolleta y que os haya servido de inspiración y motivación a los que tengáis ganas de rodar por estas tierras. No dudéis en hacernos cualquier consulta y ¡a disfrutar de la bici!





TERCERA PARTE: WEST COAST TRIPTYCH

TERCERA PARTE: WEST COAST TRIPTYCH
ETAPA 6. STROMEFERRY - TORRIDON


http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10958794
http://www.ibpindex.com/ibpindex/ibp_analisis_completo.php?REF=36507858412119&LAN=es

"Etapa de transición" -como reza el argot de la prensa deportiva-, que, traducido, viene a ser algo así como que nada demasiado noticiable; te puedes echar la siesta tranquilamente hasta el sprint (jajaj). Ciertamente, la sexta etapa, con sólo 56 km. de recorrido, decidimos tomárnosla con algo de sosiego. Después de desayunar, y aprovechando que había escampado y lucía un espléndido sol, limpiamos y engrasamos de nuevo a nuestras compañeras -que ya lo iban necesitando- y el Toro volvió a ajustar su porta.

Fue también la primera etapa en que notamos ya en cansancio y el primer repecho de 1 km. con un desnivel del 9 % por la carreterita que, desde el hostel nos devolvía a la A890, nos puso el desayuno en la garganta y el tembleque en las canillas. Esta carretera, que bordea el Loch Carron, tiene un montón de miradores a este entrante del mar. En uno de ellos conocimos a unos moteros italianos muy simpáticos con los que iríamos coincidiendo aquí y allá durante toda la jornada y con los que acabamos arreglando Italia, España y Escocia, jajaj.


No fue extraño encontrarnos coches de época a lo largo de toda la costa oeste escocesa


Al poco de pasar Strathcarron, dejamos la A890 para tomar a la izquierda la A896 y, después de otro café en Lochcarron, dimos otro arreón hasta Tornapress, donde hay una cafetería. Allí tuvimos que decidirnos entre coger la carretera a la izquierda, que lleva a Appelcross y, de allí, por toda la orilla de esa pequeña peninsulita; o seguir recto por la A896, en dirección Shieldaig. Decidimos seguir recto y, posteriormente, nuestros amigos italianos nos dijeron que nos habíamos perdido una "wildlife meravigliosa" (me encantan estos mixes lingüísticos); así que, si tenéis fuerzas, adelante (según nuestros cálculos salían cuarenta y tantos kilómetros más, ojo).



En las inmediaciones de Tornapress, en uno de los passing place, que tan familiar se nos haría en las Islas Hébridas


Shieldaig, como de costumbre, eran cuatro casas mal contadas; de manera que comimos algo ligero de nuestras provisiones, resguardados de un pequeño chaparrón, y afrontamos los últimos 13 km. hacia el Scottish Youth Hostel de Torridon. 

Las montañas areniscas de Torridon producen formaciones aterrazadas espectaculares. A consecuencia de ello, Torridon es un lugar bastante visitado por amantes del trekking y el biking, y el hostel, ciertamente, está a la altura. Momento para la segunda colada, cenota a base de "pollo tika masala" y birras -que se vendían en el mismo hostel- y recuperar fuerzas.

ETAPA 7. TORRIDON - AULTBEA

http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10958814
http://www.ibpindex.com/ibpindex/ibp_analisis_completo.php?REF=36507859983568&LAN=es

El cielo amaneció bastante guarrote en comparación a la tarde anterior. Al poco de comenzar a rodar, cogiendo la A896 en dirección Kinlochewe, ya nos dimos cuenta de que nos disponíamos a sufrir nuestro segundo chaparrón de la ruta (ninguna queja, en un país que tiene más de 250 días lluviosos al año). Fue también el primer día en que nos dimos cuenta que, en general, el viento nos estaba soplando siempre favorablemente. Un par de días más tarde, nos lo explicaría un músico-trotamundos-lingüista (un personaje -en el mejor sentido de la palabra- de esos que tienen luz propia): la costa oeste de Escocia y sus islas occidentales reciben los vientos que se generan en el Golfo de México, de manera que es muy raro que el viento no sople del sur o suroeste y, a veces, de forma muy potente. Esta información, claro, habría sido muy valiosa antes de diseñar la ruta y dejarnos como colofón lo que vinimos a llamar "el Díptico de las Hébridas": dos etapas por encima de los 100 km. en estas islas, justo en dirección contraria al viento, jajajja.

Pero sigamos con la etapa que nos ocupa. Al poco de superar Kinlochewe, habiendo ya tomado la A832 con dirección Charlestown, escampó. Un poco más adelante, al dejar el Loch Maree, nos adentramos en un terreno más sinuoso, de sube y baja. Precioso, pero nos acabó de abrir el pequeño agujero que llevábamos en el estómago. En busca de bares, decidimos pues, en el km. 45,1 de nuestra ruta, coger un desvío a la izquierda, una pequeña carreterita que daba servicio a unos cuantos pequeños pueblos: Shieldaig, Lecknasaide, Badachro, Port Henderson,... Adivináis qué pasó? Bingo! Los pueblecitos eran de tangue, para variar. Shieldaig resultó ser un enorme y elitista restaurante, decorado con multitud de veleros a escala. Nada menos, pero nada más. Ahora sé, eso parece indicar google maps, que si hubiéramos porfiado por esa carreterita, probablemente sí hubiéramos podido comer un poco más allá, en Badachro; pero, como digo, eso lo sé ahora: en ese momento no lo teníamos claro y la montaña rusa que estaba siendo la carretera a partir del desvío -y que, con el estómago lleno, nos lo habría hecho pasar de rechupete- junto con la manía de llamar pueblo a cualquier cosa, nos estaba poniendo ya una mala hostia considerable. Afortunadamente, soló 3,5 km. después de regresar al cruce, encontramos bares donde saciar nuestro apetito en Charlestown.


Gairloch, un poquito más allá de Charlestown


Después de unas cervezas y una hamburguesa, todo se ve mejor, y al reemprender la marcha nos dimos cuenta de lo maravillosas que son las playas de esta zona de Escocia. Poco atractivas al baño, eso sí, pero majestuosas. Nuestro camino sería siempre por a A832 hasta, en principio, alcanzar el Loch Ewe y acampar en el camping de Poolewe. Una vez allí, sin embargo, decidimos seguir un poco más, arañándole así algún kilómetro a la etapa siguiente y aprovechándonos de que en este país se puede acampar hasta en los parques municipales. No es coña: plantamos la tienda en el parque (bueno, apenas un par de bancos de madera en un prado muy mullidito, eso sí) de la siguiente localidad; Aultbea.


Acampando en el parque del pueblo (qué bien pensábamos que íbamos a descansar)



ETAPA 8. AULTBEA - ULLAPOOL

http://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=10958843
http://www.ibpindex.com/ibpindex/ibp_analisis_completo.php?REF=36507862351582&LAN=es

Ni la satisfacción de dormir en un sitio con un montón de historia (la Royal Navy encontró en Loch Ewe un buen fondeadero para sus buques durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Scapa Flow se quedó expuesta a los ataques de la Luftwaffe), ni el cansancio ya acumulado, ni las tres pintas que nos tomamos para cenar, hicieron que consiguiéramos dormir bien aquella noche. El motivo es que el viento de componente SO del que ya hemos hablado comenzó a tener una fuerza muy grande. No tanto como para comprometer la sujección de nuestras tiendas de campaña, pero sí para que, dentro de las mismas, aquello silbara como si estuvieras metido en una auténtica tormenta de nieve. En fin, pros y contras del "campingsmo", si es que ese palabro existe.

Emprendimos la marcha por la A832 en dirección NE para hacer un tramo interior de unos 5,5 km., hasta alcanzar Laide. Desde aquí, la carretera discurre muy cercana a la costa durante 10 km. más, con playas tan guapas como las de la jornada anterior. Al alcanzar Mungasdale, un repecho nos despidió de la Gruinard Bay para ganar la suficiente altura y tener unas vistas espectaculares a Little Loch Broom y Loch Broom, el siguiente brazo de mar. Sólo 180 msnm, pero las rodillas ya iban pidiendo ibuprofeno.


Loch Broom y su hermano pequeño. La panorámica es mejorable, está claro (jajaj)
Una de las preciosas playas por las que pasamos: la de Mungasdale


Un poco más adelante, en Dundonnell, en el km. 33 de nuestra etapa, comenzamos un puerto que, ciertamente, se nos atravesó: primeros tres kilómetros muy tendidos, pero, como quiera que virábamos en dirección S, nos encontrábamos con el viento cada vez de manera más frontal. Después, otros 4,5 km. con pendiente media del 5,3 %, pero rampas del 7 y 8 %. Y para rematar, un falso llano de otros 4 km. y muchísimo viento netamente en contra.

Al poco de haber coronado, y antes de tomar una gran curva de 90 º a izquierdas que casi nos recolocaría en la misma dirección del viento, tomamos un caminete a nuestra derecha para visitar el Loch a'Bhraoin, pero en apenas 300 metros el camino se puso difícil y decidimos dar media vuelta, bajo la consigna: "tampoco parece que sea la hostia" (el recuerdo de "Hell Affric" seguía muy presente, jajaj).

Un poco más allá, en el km. 55 de nuestra etapa, llegamos a Corrieshalloch Gorge y las Falls of Mesach: un lugar de postal donde el River Droma se encajona en una falla y la cincela de formas increíbles, cascada de 45 metros incluída. Tiempo para regocijarnos en la naturaleza, descansar un rato y jalarnos un pulled pork cerdote (valga el pleonasmo) pero delicioso.


Corriershalloch Gorge


Nada más montarnos de nuevo en las burras, encontramos la A835, la cual tomamos a la izquierda y, casi sin dar pedales, nos dejó en Inverbroom Lodge. Después, un último arreón de 10 km., siempre bordeando el Loch Broom, nos llevó hasta nuestro destino: Ullapool.

Quizás por ser la última, quizás por el dolor de rodillas, quizás por el factor del viento o quizás por ese puertecete cabrón de Fainmore, la última etapa del "Tríptico de la Costa Oeste" [sí, nos ponemos muy espléndidos con los nombres, pero, ¿qué queréis que os diga? forma parte del juego de la bici, ¿no? jajaj], sin ser una heroicidad, sí fue la más dura de las tres y el octavo consecutivo dando pedales. Momento, pues, para un día de descanso en Ullapool.